miércoles, 1 de junio de 2016

Las sombras del consumo

En la sociedad consumista en la que vivimos, cada vez son más las personas que se dan cuenta de los perjuicios que en realidad tiene perseguir ese afán incansable por adquirir nuevas posesiones. Sin embargo, la gran mayoría todavía sigue basando gran parte de su felicidad en aquello que pueden tener.

Cuando estudiaba en el extranjero tenía compañeros procedentes de diversos países. Los profesores solían preguntarnos a menudo en clase con el fin de entablar conversación, cuales eran nuestras aficiones. Había un grupo de chicas taiwanesas que siempre contestaban lo mismo, “Ir de compras”. Es increíble que hayamos normalizado un verbo que consiste en quedar para gastar dinero en cosas que posiblemente no necesitamos simplemente por diversión. Por el placer de consumir. Por esa dosis de felicidad efímera que te aporta adquirir algo nuevo. Lo peor de todo es que se trata de una afición socialmente aceptada, como podría ser jugar al futbol o pintar cuadros. Cuanto más reflexiono sobre el concepto, más alucinante me parece.

Estoy totalmente seguro de que la mayoría de las personas que son asiduas al hábito de comprar piensan que con cada transacción, se van a sentir mejor y más felices. Sin embargo, posiblemente desconozcan acerca de las sobras que tiene esta nueva forma de pasar el rato que hemos inventado en occidente. A continuación enumero los que a mi juicio son puntos negativos salir de compras:
-          Pérdida de valor inmediata: A no ser que seas un comprador con mucha cabeza, la mayor parte de las adquisiciones que hagas perderán el 30 % de su valor justo en el momento de la transacción si no más. En el caso de que luego quisieras intercambiarlo por efectivo de nuevo, seguramente tendrías que venderlo a la mitad de su precio. A todos nos ha pasado que hemos comprado algo con mucha ilusión pero al final, solo hemos acabado por utilizarlo un par de veces en toda la vida. Y para más inri, en vez de venderlo, lo más habitual es que se quede en un rincón cogiendo polvo durante años. En el caso de habernos gastado 100 € y solo haberlo usado dos veces, cada uso tuvo un coste de 50€, ¿Un alquiler un poco caro no?

  1. Robo de tiempo: Las compras son un derroche de tiempo en muchos sentidos. El primero son las horas que inviertes en buscar el objeto deseado ideal. Una vez en casa, hay muchas situaciones que van a consumir tu preciado tiempo en relación a dicho objeto. Por ejemplo, limpiarlo, cambiarlo de un sitio a otro siempre que organices la casa. Si te lo piden prestado tendrás que estar atento que te lo devuelvan porque si no, te podes ir olvidando de él. Si haces una mudanza, tendrás que llevarlo hasta tu nuevo hogar. Si se estropea, deberás de llevarlo al servicio técnico, luego recogerlo y rezar porque no se vuelva a escacharrar. Y así podemos seguir un rato porque seguro que me dejo cosas. 
  2. Ataduras innecesarias: Los objetos materiales que tienes en posesión son como pesadas anclas que impiden tus movimientos. Si tienes que cambiar de ciudad por motivos laborales, ¿Qué vas a hacer con todas tus pertenencias? Seguramente querrás llevarlas contigo. Vivimos en un mundo que se ha vuelto inestable y cambiante. Antes era fácil instalarte en una ciudad y pasar allí el resto de tu vida pero en la actualidad, esa opción no la veo tan clara. Cuantos más lastres tengas, más lentos serán tus movimientos y tu capacidad de reacción ante el medio. Tus posesiones se convertirán en una preocupación más que en una fuente de felicidad.
  3. Coste de recursos para el planeta: Este es un perjuicio más global porque aunque a primera vista, la negatividad de sus efectos no sea palpable en tu vida de forma directa, antes o después todos acabaremos pagando las consecuencias de este consumo desenfrenado al que hemos llegado. Piensa que para fabricar cada cosa, hacen falta recursos. Vivimos en un planeta que ya tiene casi 8.000 millones de personas. Satisfacer la incesante demanda de tanta gente no es fácil y hacen falta muchos materiales que cada vez son más escasos. La velocidad con la estamos acabando con todo es pasmosa. Quien sabe a qué vamos a llegar como no hagamos un cambio profundo en nuestras costumbres y dejemos de basar el bienestar de nuestras economías en consumir sin descanso. Antes de hacer una compra, piénsalo dos veces. Sobre todo, hazte una pregunta. ¿Realmente lo necesito? La mayor parte de las veces, la respuesta será, NO.
  4. Pérdida de oportunidades: El dinero que inviertes en una compra, ya no lo puedes utilizar para otra cosa. A no ser que seas un millonario, tendrás que elegir entre una gran variedad de opciones. Cada vez que hagas una compra innecesaria, habrás perdido una oportunidad.
  5. Lo material se queda pero el camino recorrido te lo llevas: Vinimos al mundo sin posesiones y cuando nos vayamos él, todas las que hayamos acumulado, se quedarán aquí. No las podemos llevar al lugar al que vamos. Sin embargo, aunque esto ya es una cuestión de creencias que puedes compartir conmigo o no, yo apuesto por que todo el camino que hayamos recorrido aquí en forma de aprendizaje y experiencias, se vendrá con nosotros al más allá. La persona que ere hoy es una suma de todas tus experiencias vividas que poco a poco te han ido dando forma. Son parte de nosotros y no concibo que todo eso desaparezca una vez llegue el día que tengamos que dejar este mundo.


Como verás, ir de compras tiene más contrapartidas de lo que en un principio te imaginabas. Es importante que seamos conscientes de ellas para que luego no nos extrañemos tanto cuando a pesar de todas nuestras posesiones, no nos sintamos tan satisfechos. Y ojo, no estoy diciendo que nos obsesionemos con no adquirir nada, pero sí que propongo al lector que medite bien cada uno de sus gastos, sobre todo, si es para comprar una posesión material. 

“Deja de cargar tu mochila con peso innecesario. El camino es muy largo”





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