jueves, 4 de febrero de 2016

Cuando la edad no lo es todo

A lo largo del tiempo siempre se ha medido la madurez  de las personas en función de la edad. Siempre se ha deducido que a más años, mayor es la madurez y sabiduría poseen. Es como si el ser humano fuera madurando de forma natural a medida que pasa el tiempo.  Sin embargo, empiezo a tener serias dudas acerca de esta forma de pensar. Todavía no he llegado a ver pasar la mitad de las primaveras de las que espero poder disponer a lo largo de mi vida pero en este tiempo he constado como la regla de la edad no se cumple en numerosas ocasiones. He conocido personas que con un buen puñado de años a sus espaldas, todavía parecían estar en la adolescencia y al contrario, jóvenes con una mentalidad propia de un intelectual bien entrado en los cincuenta.

Es cierto que cuanto más tiempo de vida tengas, se deduce que has tenido más oportunidades de aprender y de vivir nuevas experiencias. Pero el tiempo no lo es todo. También es muy importante la vida que lleves o decidas llevar. Si no sales a menudo de tu zona de confort y cada día es una copia del anterior, tal y como le ocurre a muchísima gente, al final da igual cuantos años pases sobre el planeta, tu yo de hoy y tu yo de dentro de un tiempo no habrá cambiado mucho.  Lo que realmente te hace madurar son principalmente dos cosas, los nuevos conocimientos y las nuevas experiencias.

El cerebro está pensado para ahorrar energía siempre que le es posible. En el momento en el que empiezas a hacer casi lo mismo cada día, ves a la misma gente, hablas de los mismos temas, ves los mismos programas de televisión etc, tu cerebro se relaja y se pone en modo automático. Ya no le hace falta pensar y analizar la situación para saber cómo tiene que desenvolverse. Digamos que ha encontrado una rutina a la que aferrarse. Es genial si lo vemos desde el punto de vista de la supervivencia. Pero no si lo que queremos es vivir en vez de sobrevivir. Esta forma de hacer las cosas no es la ideal si nuestra intención es avanzar en el camino de lo personal. Yo estoy convencido de que no hemos venido a este mundo para ver pasar nuestros años bajo la seguridad de lo conocido. Cuando realmente progresamos es cuando salimos de nuestra zona de confort y nos enfrentamos a la incertidumbre. Maduramos cuando luchamos contra nuestros miedos y los superamos.  Crecemos cuando cazamos nuevas experiencias y nuestro cerebro se ve obligado a expandir sus circuitos neuronales para poder estar a la altura de la vida que llevamos.  Si queremos que nuestra madurez vaya acorde con nuestra edad,  no podemos permitirnos repetir el mismo día una y otra vez.

Quizás, en el futuro no midamos la madurez por los años de vida, sino por la suma de nuevas experiencias y conocimientos que hayamos sido capaces de recopilar. Lamentablemente, estas variables son prácticamente imposibles de cuantificar.

“Vivimos en el mundo en el que paradójicamente, existen ancianos de 30 años y adolescentes de 60”



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