lunes, 2 de noviembre de 2015

Una vida en el futuro

Uno de los temas que más se utiliza para elaborar los guiones de las películas, es el futuro. Todos hemos visto muchos films en los que se trata de adivinar como sería nuestra vida dentro de 50, 100 o 200 años. Y de cómo serían los avances de la tecnología. Nos distraemos contemplando coches voladores, proyecciones en 3d y ropas futuristas pero en realidad, si nos paramos a pensar un poco, ¿No estamos ya viviendo en el futuro? Quizás nosotros no lo percibimos así porque la civilización del primer mundo, con su alto nivel tecnológico, es lo que hemos visto día a día desde que nacimos pero, hay muchas personas que no han tenido esa realidad, ni la tienen aún. Personas como nosotros que viven de la misma forma en la que lo hacía el hombre desde que llegó al mundo y no tienen ningún tipo de tecnología que les haga la vida más fácil. Viven en chozas, cazan y cultivan para alimentarse. Se hacen las ropas con las pieles de sus capturas y utilizan sus tendones como cuerda para sus arcos. Gente que nació en el bosque y siguen aún viviendo en él ajenos a lo que sucede en el resto de mundo. Para ellos, su realidad es totalmente diferente a la nuestra. Algunos ni siquiera han tenido todavía contacto con la cultura civilizada del primer mundo. Me gustaría imaginar la forma en la que percibe la vida uno de esos indígenas. Para ellos la rutina son los quehaceres de la aldea y la supervivencia. No tienen maquinas, ni electricidad. No tienen coches ni saben ni siquiera lo que son. No podrían llegar a concebir la idea de lo que significa el concepto de teléfono móvil ni aunque se lo explicaras 100 veces. Algunos, ni siquiera habían visto un reflejo de su rostro hasta que un día les pusieron un espejo delante. Vivieron décadas sin saber cómo era su apariencia externa. Sin ver los detalles de sus caras. Algo que para nosotros es tan normal como levantarse por la mañana para ir a trabajar, para ellos era un descubrimiento fascinante que les dejaba estupefactos.

Me gustaría saber lo que sucedería en el interior de sus cabezas si llevaran de la noche a mañana a uno de estos indígenas a una de las grandes capitales europeas y le enseñaras lo que el hombre ha sido capaz de crear. Habría tantísimas cosas nuevas para él... Acostumbrado a sus chozas de madera, se quedaría con la boca abierta al ver los grandes edificios hechos de acero y hormigón. No podría dar crédito al estar frente a una calle llena de coches que circulan con personas en su interior.  Se quedaría embobado viendo la pantalla de una televisión en la que se pueden contemplar imágenes en movimiento. Miraría a las personas y las encontrarían tan diferentes…En su aldea, todo el mundo usa pieles de animales para vestirse. Los colores de sus ropas no son muy variados pero en la ciudad, cada uno va con vestimentas diferentes. Quizás intentaría imaginar de qué animales hemos conseguido las pieles que llevamos puestas. Su paladar se llenaría de éxtasis descubriendo la grandísima cantidad de sabores y texturas que hemos llegado a crear con la evolución de las artes culinarias. Me lo imagino atónito en un gran mercado, viendo todo tipo de frutas, verduras, carnes, pescados y multitud de diversos alimentos que jamás antes había visto.

Descubrir un mundo tan diferente al suyo le daría mucho que pensar. ¿Cómo es posible que existiera todo esto y yo no lo hubiera sabido hasta ahora? ¿Cómo han podido llegar a crear este mundo? ¿De dónde han salido todas estas cosas? Supongo que no entendería nada. No podría explicarse tanto cambio. Hasta ese punto llega la diferencia entre su mundo y el nuestro. Para ese indígena, visitar las sociedades modernas, sería como viajar al futuro 100 años o más. Sin embargo, nosotros no lo consideramos algo fuera de lo normal. No es nada sorprendente. Se trata del pan de cada día.

Debemos de ser consciente de que vivimos en una época muy especial dentro de la era de la humanidad. Hace no más de 100 años se produjo una tremenda aceleración de el desarrollo tecnológico de nuestras sociedades. Una evolución tan rápida que, hasta para los que hemos nacido en esta época revolucionaria, asimilar los cambios es a veces difícil. Los ancianos de hoy, en ocasiones se ven incapaces a entender su propio presente. Se podría decir, que ellos ya viven en ese futuro que algún día imaginaron cuando eran jóvenes.

Realmente, no nos hace falta esperar 100 años para vivir una época futurista porque ya lo estamos haciendo. Creo que sería bueno que nos parásemos a pensar de vez en cuando sobre esto para darnos cuenta de lo que significa y lo que vale cada uno de los avances de los que podemos disfrutar. No tengo muy claro si con ellos, estamos mejor o peor que los indígenas de las tribus aisladas, pero lo que si es cierto es que, desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos, tenemos el privilegio de utilizar el resultado del ingenio de miles de personas que se han dedicado a inventar artilugios que nos hicieran la vida más fácil. Ese esfuerzo debe de ser valorado y por lo menos, no hacer uso de él como si fuera lo normal porque en realidad, no lo es.


“Los reyes del pasado pagarían toneladas de oro por disfrutar de lo que hoy dispone el hombre/mujer de clase media de un país desarrollado”


No hay comentarios:

Publicar un comentario