jueves, 24 de diciembre de 2015

La barra de Moral

Esta es una metáfora a la que le he dado forma influenciado en parte quizás a la época en la que jugar a los videojuegos era una forma de entretenimiento habitual en mi vida. Porque todos hemos sido jóvenes y en algún momento, aficionados a las maquinitas, no? A esta reflexión la he llamado “la barra de moral”. Para aquellos que hayan jugado alguna vez a un videojuego, sabrán que en la pantalla suelen aparecer todo tipo de indicadores que te informan del estado de tu personaje. Datos como la cantidad de vida que te queda, el cansancio, la fuerza y multitud de otras variables que debes de tener en cuenta para poder lograr ganar la partida. La barra de moral sería uno de estos indicadores, suponiendo que la vida fuera un juego y que nosotros estuviéramos echando una partida. Es un indicador muy importante que sirve para medir la cantidad de energía vital de la que dispones en el momento actual. Para que todos nos entendamos, podríamos llamarlo también de otras formas como el estado de ánimo, la fuerza interior, las ganas de comerte el mundo o lo que sería todo lo contraria a estar de bajón o deprimido.

Cuando nuestra barra de moral está alta, nos sentimos confiados, fuertes y con vitalidad para lograr aquello que nos propongamos. Sin embargo, con una barra de moral baja, todo se nos hace cuesta arriba, no tenemos ganas de nada y lo que más nos apetece es quedarnos tranquilos en casa sin ver a nadie y a ser posible, durmiendo.

Todos hemos experimentado los dos extremos ya que de forma incontrolable e influenciada por una grandísima cantidad de factores que nos redean, la barra sube y baja sin que nosotros podamos hacer nada para controlarlo. Hay días que estamos esplendidos y podemos con todo. Sin embargo otros… simplemente nos gustaría desaparecer. Es normal que nuestra barra de moral vaya fluctuando pero, lo que hay que plantearse seriamente es; cuánto tiempo estamos arriba y cuánto abajo. En el mundo, hay personas que disfrutan de una proporción mayor de días con la moral alta que otras. Y claro, para estas personas, superar los obstáculos de la vida es bastante más sencillo que para aquellos que viven la mayor parte de su tiempo con la barra de moral por los suelos.

¿De qué depende? ¿Qué hace que seamos de un grupo o del otro? ¿Podemos controlar el nivel de nuestra barra de moral? Bueno… según lo que he aprendido sobre el tema, es cierto que tanto nuestras circunstancias sociales como la genética que recibimos al nacer, influyen de forma significativa en el nivel de nuestra moral pero, también es cierto que existen gran variedad de herramientas que nos permiten alterar el estado de la barra a voluntad. Las personas que dominan bien estas técnicas, logran mantener la mayor parte del tiempo la barra alta y esto es sin duda una gran ayuda que les permite sentirse mejor, más felices y lograr más cosas.


En mi próxima publicación os hablaré de cuáles son los mecanismos que a nivel personal utilizo para controlar el nivel de mi barra de moral. Sin embargo, lo más importante es ser consciente de la existencia de dicha barra y separarla de nosotros de tal forma que se convierta en un simple indicador que nos informe de nuestro estado y no de una parte de nosotros mismos. Cuando la barra esté baja, no os sintáis mal por ello. A veces sucede y es de lo más natural. En lo que realmente debéis de poner el foco en cuáles son las causas que la han llevado a esos niveles y qué podemos hacer para revertir el proceso.  Si sabemos que existe, entonces podemos jugar con ella y elegir los mejores momentos para llevar a cabo las acciones que nos llevan a lograr nuestros objetivos. 


“La barra de moral mide tu vitalidad, no dejes que toque fondo”






jueves, 19 de noviembre de 2015

El verdadero valor del tiempo

Uno de los principales aspectos de la vida a tener en cuenta es que el tiempo es limitado. Es conveniente tener muy presente que algún día, nuestras vidas llegarán a su fin. Este no es un motivo para sentirse mal porque sin duda, forma parte del maravillo proceso que los seres humanos siguen desde que nacen hasta que mueren. Si reflexionamos atentamente, el hecho de que tengamos tiempo limitado, puede convertirse en un motor motivacional que nos impulse a no estancarnos en la comodidad. Si supiéramos que disponemos de una vida eterna, posiblemente nunca encontraríamos el momento para ponernos manos a la obra con las cosas verdaderamente importantes. Tampoco apreciaríamos cada segundo que pasa, ya que no tendrían  un gran valor intrínseco. Solo hace falta observar nuestra sociedad para darnos cuenta de que a lo que realmente le damos importancia, es la escasez. Cuando algo no es abúndate, tiene más valor, independientemente de lo bueno que sea.

Mi padre me contaba muchas veces que antiguamente, el pollo era uno de los alimentos más preciados mientras que las angulas y los salazones, daban de comer a los menos adinerados. Ahora el pollo es muy abundante y aunque el sabor sigue siendo el mismo, ya no se considera un gran manjar sino que se vende en la tiendas como una de las carnes mas comunes y económicas del mercado. Sin embargo, la angula se ha pasado al bando de lo escaso y solo aquellos que disponen de un gran poder adquisitivo, pueden llegar a disfrutar del que ahora es un exquisito manjar. Mi pregunta es ¿Acaso el sabor ha cambiado? ¿Es ahora más sabroso que antes? La respuesta es NO, simplemente ahora es más escaso.

Esto mismo es lo que ocurre con el tiempo. Cada minuto vale su peso en oro porque son irrecuperables, finitos y en mi humilde opinión, escasos. No hacer uso de ellos otorgándoles el valor que se merecen, es un error del cual muchos no son conscientes. El tiempo, no se puede comprar con dinero. No podemos controlar que un día nuestra vida se acabe súbitamente, ya sea por un accidente de tráfico, una enfermedad o cualquier otra de las muchas causas que pueden poner fin a nuestros días.

Muchas personas viven como si fueran a estar eternamente sobre la faz de la tierra. Como si la vida fuera muy larga y el fin estuviera allá en la lejanía. No tienen la necesidad de aprovechar el tiempo porque creen que les sobra. Pero incluso a los más ciegos, un día la vida les sorprende con algo que les abre los ojos y les permite ver cómo de cerca están en realidad del fin de sus días. Es aquí cuando les entra la prisa y se arrepienten del tiempo perdido. Yo hace tiempo que tomé la decisión de no permitir que esto me sucediera a mí también. Por eso no voy a esperar tanto para empezar a sacarle partido a mi vida.

Con esto no estoy diciendo que debemos obsesionarnos y nos sumerjamos en un estado de estrés permanente que al fin y al cabo, solo nos impida disfrutar del momento. A mi juicio, lo ideal sería buscar un punto de equilibrio que nos permitiera disfrutar de la vida al mismo tiempo que le sacamos partido.


“El tiempo se escurre de entre los dedos de una mano abierta. No tardes mucho en cerrar el puño”



jueves, 12 de noviembre de 2015

Las reglas del juego

Las sociedades actuales han ido evolucionando desde sus comienzos hasta los tiempo modernos. A medida que se descubrían fallos de funcionamiento, se hacían cambios para intentar solventar los problemas. Durante muchos años, la estructura de la sociedad se ha complicado en gran medida. El pilar central de su funcionamiento, las leyes, ha ido incorporando nuevos artículos y restricciones llegando hasta tal punto que, su conocimiento solo está al alcance de unos pocos. Para su comprensión, no solo es necesario el estudio de la inmensa cantidad de leyes existentes, sino que además, debes de ser capaz de comprender el lenguaje jurídico que ya de por sí, hasta se podría llegar a catalogar como un idioma aparte.

En mi opinión, esto supone un gran problema. Vivimos en un mundo lleno de reglas que desconocemos. Para el 90% de la gente, la ley está totalmente fuera de su alcance y en todo momento se ve obligado a confiar en la opinión e interpretación de personas externas tales como abogados y juristas. A la hora de defendernos, no tenemos otra opción que ponernos en manos de una persona que normalmente, no conocemos bien, y confiar en que sea capaz de interpretar con acierto las leyes y representarnos con la habilidad en los juicios en los que nos veamos envueltos. 

Dado que el sistema legislativo se ha vuelto muy complejo y que hay una cantidad de leyes abrumadora, se ha abierto la posibilidad de que  un abogado inteligente pueda ganar un caso en contra de lo que indica el código penal, basándose únicamente en su habilidad para manejar las diferentes interpretaciones.

Ante una situación tal de indefensión, en mi opinión, la alternativa más inteligente sería asumir la responsabilidad de estudiar la parte más importante del código penal. No digo que nos memoricemos la totalidad de las leyes, pero si nos conviene conocer sobre aquellas que nos afecten más directamente. Por ejemplo, en el caso de ser un practicante de artes marciales, nos vendría bien estudiar la ley que regula que sucede en el caso de que nos viéramos envueltos en una pelea callejera. Lo importante no es recordar cada una de las palabras de la ley, sino comprenderlas y saber dónde podemos localizarlas para luego poder volver a recurrir a ellas en caso de necesidad. La mejor manera de solucionar un problema es prevenirlo antes de que aparezca. Por esta razón, disponer de ciertos conocimientos sobre leyes, nos sería de gran utilidad para jugar con mayor destreza la partida en la que nos estamos jugando la vida.


Resulta muy complicado ganar en un juego del cual desconoces las reglas”



lunes, 9 de noviembre de 2015

Una realidad que nos convierte en marionetas

Siempre me he preguntado hasta que punto somos nosotros responsables de la persona en la que nos hemos convertido. No se cuánto de lo que soy viene por herencia genética,  por mi educación, por la influencia de la sociedad o por decisión propia. Yo me considero una persona equilibrada y con buenos valores. Me siento orgulloso de cómo soy. He trabajado mucho para perfeccionarme como persona y así contribuir a la sociedad siendo un individuo que pueda aportar algo al conjunto. No obstante, un día comencé a hacerme unas preguntas que me dejaron durante un largo tiempo sin respuesta. Ahora creo que la tengo y es precisamente de eso de lo que quiero hablar.

La pregunta es simple, ¿Tengo algo de mérito en la persona que me he convertido, o me ha sido impuesta sin haber tenido elección por mi entorno social (Padres, amigos, profesores, televisión etc..) junto con mi carga genética? ¿Pensaría de la misma forma si en vez de haber nacido en España, lo hubiera hecho en Irán? ¿O en Brasil? Seguramente no. Es posible que fuera alguien totalmente diferente. Esto se debe a que cuando nacemos, pasamos una parte de nuestras vidas desarrollándonos como persona. Tanto es así, que la parte de nuestro cerebro (lóbulo frontal) donde se supone que se alberga el sentido común, la personalidad, el carácter, y todo lo que nos diferencia de los animales, no termina de formarse hasta los 25 años de edad.  Es por eso, por lo que pienso que durante el tiempo que transcurre hasta que somos capaces, físicamente hablando, de tomar las riendas de nuestra vida gracias al hecho de disponer de un cuerpo humano completamente desarrollado, suceden muchas cosas de vital importancia que pueden dañar nuestro cerebro hasta el punto de anularnos completamente como personas, convirtiéndonos en unos monigotes que solo se rigen por las conductas que le han sido inculcadas. Seres sin esa consciencia natural que nos da un toque cuando hacemos algo mal.

Para que una persona pueda comportarse con libertad para elegir su camino, antes tiene que haber llevado una vida en la que se le haya permitido llegar hasta ese punto. Si el entorno influye de una forma demasiado agresiva e intensa en su mente, es muy posible que nunca llegue a alcanzar esa capacidad. Explicándolo de una forma un poco más filosófica, yo diría que en el mundo existe una realidad absoluta, y una realidad por cada individuo.  Esta realidad individual, es la forma en la que cada uno ve el mundo. Lo ideal sería conseguir que esa realidad individual se asemejase lo máximo posible a la real. En el momento de nuestro nacimiento, no somos ni buenos ni malos. Es cierto que llevamos en los genes una serie de tendencias que pueden impulsarnos a coger malos o buenos caminos. Pero al fin y al cabo, solo son tendencias, y éstas,  no nos encasillan en un fatal destino del que no podamos escapar. Solo nos hacen más propensos a un camino que al otro.

Realmente existen personas a las que en su periodo de crecimiento y formación, en el cual eran profundamente influenciables por no disponer todavía de plenas capacidades cerebrales y físicas, se les ha machacado y lavado la mente hasta tal punto que, su capacidad de reflexión y raciocinio fueron casi completamente anulados, convirtiéndolos en fanáticos obsesivos de las ideas que les fueron grabadas a fuego en sus mentes a modo de creencias.  Para que se pueda entender esta idea con claridad, voy a poner un ejemplo. Imaginemos pues, el caso de un niño nacido en una familia de radicales islamistas que desde el momento en que fue concebido, todas las ideas que llegaron a sus oídos iban encamadas a convertirle en un radical más. Día tras día, fue avasallado con información relativa a las creencias de su entorno radical. Todo lo que ese niño vio de su familia, amigos, conocidos, medios de comunicación etc iba por la misma línea. Mucha fuerza hace falta para poder sobreponerse a semejante influencia y cuestionarse si ese es o no, un buen camino que recorrer. Si la realidad que te es inculcada consiste en que el mundo está en tu contra y que todos los que te rodean son enemigos, probablemente intentes protegerte del resto agrediendo tu primero. Es posible que yo, con una desastrosa educación absorbente  y estrictamente religiosa, hubiera sido un suicida como los que matan a decenas de personas en Bagdad o Palestina. Una de esas personas que están tan influenciadas por su entorno que no son capaces ni siquiera de asomarse a la realidad. Hace falta tener un alma muy especial como para poder salir por cuenta propia de todo eso. Y lamentablemente, esa fuerza no es muy común entre la mayor parte de los seres humanos.

He de reconocer que durante mucho tiempo me he negado a mí mismo la posibilidad de que esta idea fuera cierta. Siempre he querido pensar cosas como que, somos nosotros quienes elegimos por propia voluntad nuestros caminos y que si alguien decide hacer el mal, es bajo su responsabilidad. Siempre he querido pensar que todos tenemos la capacidad de elegir y tomar la decisión correcta.  No podía soportar la idea de que alguien pudiera hacer una barbaridad y que no se le pudiera juzgar por la razón de que en realidad, no disponía de la misma capacidad necesaria como para poder discernir entre lo bueno y lo malo. Pero ahora, no puedo evitar pensar que, en ocasiones, el daño que hacen ciertas personas sobre otras, no se debe a la maldad, sino a una total ausencia de sentido común y desconocimiento absoluto de cuál es la realidad. ¿Cómo podríamos culpabilizar a esta gente? ¿No son ellos las primeras víctimas? Pero claro, tampoco podemos permitir que hagan daño a otras personas inocentes. Realmente, qué hacer con ellos, es una cuestión muy difícil de resolver…

No obstante, todo cambia si aproximadamente durante esos primero 20 años de vida, las influencias externas nos dejan un poco de margen para permitirnos disponer de la capacidad de reflexionar y hacernos cuestiones sobre lo que no rodea. En ese caso,  cuando por fin llegamos a la edad en la que de verdad tomamos las riendas de nuestras vidas, entre los 21 y los 25 años, estaremos asumiendo también la completa responsabilidad de todo lo que hacemos, ya que de forma natural, en nuestro interior dispondremos de  una vocecita que nos avisará de cuándo alguno de nuestros actos es malo o bueno. Una consciencia que, gracias a que nuestro entorno no nos lavó el cerebro con unas creencias erróneas,  permanecerá encendida durante el resto de nuestras vidas, aportándonos gran cantidad de información valiosa acerca de cuáles son los mejores y peores caminos. Después de eso, de nosotros dependerá hacerle caso o no.


“Sin la luz de la consciencia, somos marionetas a merced de nuestras creencias”



martes, 3 de noviembre de 2015

Miedo a aceptar la realidad

El miedo es un sentimiento muy habitual entre las personas. Hay muchas cosas que nos infunden miedo, pero hoy más que nunca me doy cuenta de que hay una entre todas  ellas que nos atemoriza más que el resto. Se trata de la verdad. Resulta irónico que seres inteligentes como nosotros no queramos en muchos casos saber la verdad por encima de cualquier cosa. Llegamos incluso a ignorarla creando una realidad en la cual esa verdad no es cierta, permitiéndonos así vivir tranquilos sin necesidad de afrontar los problemas que de ella se suceden.

La verdad trae consigo considerables responsabilidades. Ser conocedora de ella, en muchas ocasiones nos inunda de complicaciones que no son fáciles de resolver. Para huir de ellas, no hay nada mejor que vivir en la ignorancia. Si no sabemos que existe, entonces no hay ningún problema que solucionar. Y si por desgracia, lo viéramos de refilón, entonces siempre podemos hacer uso de un antiguo mecanismo de defensa conocido como Auto convencimiento. Nos repetimos una y otra vez que ese problema no existe y nos negamos a mirar la realidad de frente, creando así otra realidad paralela en la que estamos haciendo las cosas bien y son los demás los que se equivocan.

A lo largo de mi vida, he conocido a personas que viven totalmente engañadas. Me parece muy triste ver a alguien que piensa que todo el mundo se ríe con él mientras que lo que en realidad está sucediendo es que todos se ríen de él. Además, no se te ocurra intentar hacerle entender la verdad porque la evitará a toda consta. En muchos casos, su respuesta será ponerse a la defensiva llegando a enfadarse y echarte en cara cualquier cosa que en ese momento se le pueda ocurrir. Son como un perro acorralado que se lanza a morder cuando ya no puede seguir escapando.

Sé por experiencia que enfrentarse a la verdad no es ni mucho menos fácil, pero sin duda alguna, es lo más inteligente. Gracias a ser conscientes de la verdad, podemos tomar las medidas oportunas para solucionar los problemas que nos esté mostrando.. Es imposible arreglar un enchufe si piensas que lo que se ha estropeado es la pata de la silla. Si no vives en la auténtica realidad, no tienes la capacidad para desenvolverte en ella con la soltura suficiente como para disfrutar de una vida plena y satisfactoria. Siempre te estarás equivocando y no por falta de capacidad para sortear el obstáculo, sino porque no eres conocedor de cual es el verdadero problema.

Si queremos avanzar en nuestra vida, lo primero que debemos de hacer es aceptar que vamos a mirar de frente sin apartar los ojos cuando veamos algo que no nos guste. Vamos a ser valientes y buscar la verdad de la persona que somos y la realidad del contexto en el que vivimos. Una vez que hayamos interiorizado esta idea y estemos convencidos de llevarla a cabo, la verdad empezará a mostrarse ante nosotros y de forma natural, comenzaremos a darnos cuenta de cosas que hasta ahora habían permanecido escondidas en nuestro interior.

Lamentablemente, de esta forma no vamos a poder ver todo. Algunos aspectos de nuestra vida y personalidad son difíciles encontrar. Por ello, tendremos que hacer uso de mecanismos y estrategias que nos den la llave de la puerta que los esconde. De este tema, hablaremos en una segunda reflexión más adelante.


“Necesitamos conocer la realidad si queremos coger el toro por los cuernos”



lunes, 2 de noviembre de 2015

Una vida en el futuro

Uno de los temas que más se utiliza para elaborar los guiones de las películas, es el futuro. Todos hemos visto muchos films en los que se trata de adivinar como sería nuestra vida dentro de 50, 100 o 200 años. Y de cómo serían los avances de la tecnología. Nos distraemos contemplando coches voladores, proyecciones en 3d y ropas futuristas pero en realidad, si nos paramos a pensar un poco, ¿No estamos ya viviendo en el futuro? Quizás nosotros no lo percibimos así porque la civilización del primer mundo, con su alto nivel tecnológico, es lo que hemos visto día a día desde que nacimos pero, hay muchas personas que no han tenido esa realidad, ni la tienen aún. Personas como nosotros que viven de la misma forma en la que lo hacía el hombre desde que llegó al mundo y no tienen ningún tipo de tecnología que les haga la vida más fácil. Viven en chozas, cazan y cultivan para alimentarse. Se hacen las ropas con las pieles de sus capturas y utilizan sus tendones como cuerda para sus arcos. Gente que nació en el bosque y siguen aún viviendo en él ajenos a lo que sucede en el resto de mundo. Para ellos, su realidad es totalmente diferente a la nuestra. Algunos ni siquiera han tenido todavía contacto con la cultura civilizada del primer mundo. Me gustaría imaginar la forma en la que percibe la vida uno de esos indígenas. Para ellos la rutina son los quehaceres de la aldea y la supervivencia. No tienen maquinas, ni electricidad. No tienen coches ni saben ni siquiera lo que son. No podrían llegar a concebir la idea de lo que significa el concepto de teléfono móvil ni aunque se lo explicaras 100 veces. Algunos, ni siquiera habían visto un reflejo de su rostro hasta que un día les pusieron un espejo delante. Vivieron décadas sin saber cómo era su apariencia externa. Sin ver los detalles de sus caras. Algo que para nosotros es tan normal como levantarse por la mañana para ir a trabajar, para ellos era un descubrimiento fascinante que les dejaba estupefactos.

Me gustaría saber lo que sucedería en el interior de sus cabezas si llevaran de la noche a mañana a uno de estos indígenas a una de las grandes capitales europeas y le enseñaras lo que el hombre ha sido capaz de crear. Habría tantísimas cosas nuevas para él... Acostumbrado a sus chozas de madera, se quedaría con la boca abierta al ver los grandes edificios hechos de acero y hormigón. No podría dar crédito al estar frente a una calle llena de coches que circulan con personas en su interior.  Se quedaría embobado viendo la pantalla de una televisión en la que se pueden contemplar imágenes en movimiento. Miraría a las personas y las encontrarían tan diferentes…En su aldea, todo el mundo usa pieles de animales para vestirse. Los colores de sus ropas no son muy variados pero en la ciudad, cada uno va con vestimentas diferentes. Quizás intentaría imaginar de qué animales hemos conseguido las pieles que llevamos puestas. Su paladar se llenaría de éxtasis descubriendo la grandísima cantidad de sabores y texturas que hemos llegado a crear con la evolución de las artes culinarias. Me lo imagino atónito en un gran mercado, viendo todo tipo de frutas, verduras, carnes, pescados y multitud de diversos alimentos que jamás antes había visto.

Descubrir un mundo tan diferente al suyo le daría mucho que pensar. ¿Cómo es posible que existiera todo esto y yo no lo hubiera sabido hasta ahora? ¿Cómo han podido llegar a crear este mundo? ¿De dónde han salido todas estas cosas? Supongo que no entendería nada. No podría explicarse tanto cambio. Hasta ese punto llega la diferencia entre su mundo y el nuestro. Para ese indígena, visitar las sociedades modernas, sería como viajar al futuro 100 años o más. Sin embargo, nosotros no lo consideramos algo fuera de lo normal. No es nada sorprendente. Se trata del pan de cada día.

Debemos de ser consciente de que vivimos en una época muy especial dentro de la era de la humanidad. Hace no más de 100 años se produjo una tremenda aceleración de el desarrollo tecnológico de nuestras sociedades. Una evolución tan rápida que, hasta para los que hemos nacido en esta época revolucionaria, asimilar los cambios es a veces difícil. Los ancianos de hoy, en ocasiones se ven incapaces a entender su propio presente. Se podría decir, que ellos ya viven en ese futuro que algún día imaginaron cuando eran jóvenes.

Realmente, no nos hace falta esperar 100 años para vivir una época futurista porque ya lo estamos haciendo. Creo que sería bueno que nos parásemos a pensar de vez en cuando sobre esto para darnos cuenta de lo que significa y lo que vale cada uno de los avances de los que podemos disfrutar. No tengo muy claro si con ellos, estamos mejor o peor que los indígenas de las tribus aisladas, pero lo que si es cierto es que, desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos, tenemos el privilegio de utilizar el resultado del ingenio de miles de personas que se han dedicado a inventar artilugios que nos hicieran la vida más fácil. Ese esfuerzo debe de ser valorado y por lo menos, no hacer uso de él como si fuera lo normal porque en realidad, no lo es.


“Los reyes del pasado pagarían toneladas de oro por disfrutar de lo que hoy dispone el hombre/mujer de clase media de un país desarrollado”


Cazador de ideas

Me gusta comparar a las ideas con los pequeños pajaritos que revolotean por el aire. Estos van y vienen. En un momento los vemos, al siguiente no. Nunca sabes cuándo volverán y durante cuánto tiempo estarán al alcance de nuestra vista pero, es posible que un día se vayan y nunca vuelvan. Si no cogemos nuestra cámara y les sacamos una foto, corremos el riesgo de olvidar cómo era ese pajarito tan bonito que un día tuvimos el placer de contemplar.

Las ideas funcionan de la misma forma. Aparecen en nuestra cabeza y puede que se queden, o puede que no. Son fugaces y llegan tan rápido como se van. Si no las atrapamos, quizás se pierdan y jamás volvamos a saber de ellas. Hay veces que he tenido grandes ocurrencias pero pasado un tiempo, cuando quise volver a pensar sobre ellas, ya no me acordaba. Las había perdido. Y me daba mucha rabia no haber hecho algo al respecto cuando estuve a tiempo.

Hubo un día, ya no recuerdo cuando, en el que decidí que no volvería a perder una gran idea. Así que comencé a plantearme cómo podía hacer para retenerlas. Después de pensarlo tranquilamente, llegué a la conclusión de que solo había una forma de garantizar que esa idea no volvería a dejarme. Y esta no es otra que sacarle una foto cuando mi atención está posada sobre ella. Cuando digo sacarle una foto, me refiero a escribirla. De esta forma, solo con leer esa pequeña anotación, la idea volvería a regresar en su totalidad a mi cabeza en el momento en el que yo quisiera.

Comencé a llevar por este motivo, una libreta en la que anotaba todo lo que pasaba por mi cabeza que me parecía interesante. Sin embargo, llevarla conmigo a todos lados, no siempre era una tarea fácil. En muchas ocasiones, la dejaba olvidada y no disponer de ella en el momento necesario, hacía que su existencia fuera inútil. Pero todo acabó por solucionarse el día en el que descubrí una de las aplicaciones móviles a las que más partido le he sacado desde entonces. Se llama Evernote y dispone de un amplísimo catálogo de opciones relacionadas con el hecho de tomar notas. Puedes conectarla a todos tus dispositivos (móvil, Tablet ordenador etc) y sincronizar las notas entre sí. Todo lo que apuntas está en la nube, así que no importa que te cambies alguno de estos dispositivos porque siempre dispondrás de tus anotaciones accediendo a tu cuenta personal. Al disponer de esta aplicación en el teléfono móvil, tengo la seguridad de que siempre llevo la libreta encima. Es sencillamente genial.

El número de notas que tomaba se incrementaba exponencialmente. Al principio eran simplemente ideas, sin ningún orden, pero luego, empecé a anotar toda información que pudiera serme útil clasificándolas en categorías. Poco a poco, fui ampliando el número de categorías en las que ordenaba las notas hasta el punto de crear un complejo entramado de ideas .¿Alguna vez te han recomendado una película pero luego cuando has querido verla no te acordabas de cuál era? ¿Alguna canción? ¿Alguna recomendación para viajar que posteriormente has olvidado? Constantemente estamos recibiendo por interesantísima información que vale la pena retener. El problema es que, a no ser que tengas una mente privilegiada, vas a tener que anotarla si no quieres perder gran parte de ella.

Esta sencilla costumbre me está ayudando enormemente a seguir progresando en todo lo que me propongo. Recordar los detalles importantes, en mi opinión, es una de las claves del éxito.


“Hace tiempo que me convertí en un cazador de ideas y Evernote, es mi escopeta”





domingo, 1 de noviembre de 2015

Bendita curiosidad

Muchas veces me sorprendo de ver cómo el ser humano es capaz de ampliar su conocimiento de forma constante, descifrando muchos de los enigmas que durante siglos permanecieron ocultos. No hay nadie que venga a enseñarnos el porqué de las cosas. Para poder saber, tenemos que plantearnos preguntas y luego buscar sus respuestas. La ciencia ha avanzado mucho en los últimos 100 años, tantos que en ocasiones te cuestionas si es cierto que lo hemos descubierto todo nosotros solitos.

Sin embargo, en esta reflexión me gustaría poner el foco no en nuestra capacidad de aprendizaje sino en el motor que nos mueve a ello. Y ese no es otro que la maravillosa curiosidad. Ya venimos equipados con ella desde que nacemos. Es innata y desde niños, ya comenzamos a sentirla intensamente en nuestro interior. Recuerdo muy bien cómo todas mis sobrinas llegaron a la fase en la que algo dentro de ellas les impulsaba a querer saber más. El fuego del saber recorría sus venas y se manifestaba con la pregunta ¿Y esto por qué? ¿Y aquello por qué? Incluso en algunos momentos, hasta podía llegar a ser muy cansado resolver un porqué detrás de otro. En ocasiones, han sido capaces de llevarme a un punto en el que ya no tenía una respuesta que darles porque mi conocimiento había llegado a su límite.

Desde que tengo uso de razón, he podido ver cómo la curiosidad empujaba a las personas a embarcarse en arduos proyectos en los que después de mucho trabajo, alcanzaban una fracción de nuevo conocimiento que para la mayoría de seres humanos, podría verse como insignificante, pero que para ese investigador en concreto, suponía una inmensidad.

Todo esto me lleva a pensar que por alguna razón, una de nuestras tareas a llevar a cabo en este mundo, es la de alcanzar el saber. Y para ello, no podemos apagar el fuego que alimenta nuestra curiosidad porque sin ella, habremos perdido una de las partes que nos convierte en seres humanos.


“El conocimiento es el alimento de nuestra mente y la curiosidad, es el hambre”


lunes, 26 de octubre de 2015

Todo tiene un principio

Mi nombre es Marcos Cartagena y con esta entrada, voy a inaugurar el que va a ser mi blog de aquí en adelante. En él, quiero plasmar mi perspectiva sobre la vida, escribir sobre todo aquello que me interesa, que me produce curiosidad y me fascina. Desde siempre, he sido un pensador. Acostumbro a tomarme un tiempo para reflexionar sobre aquello que me llama la atención. He pensado sobre temas que posiblemente quizás, solo en muy pocas personas despierten interés dada su poca relevancia, pero también me he enfrentado en busca de respuestas, a las grandes preguntas que han atraído  a filósofos de todo el mundo durante siglos, tales como el origen de la vida, el porqué de nuestra existencia, nuestra misión personal, el ser humano y sus grandes luces y sombras…

Hasta ahora, todas mis ocurrencias y teorías, habían permanecido en el anonimato, ocultas en el interior de mi cabeza y en los escritos que a nivel personal he ido redactando desde hace ya más de 10 años. Pero a partir de hoy, quiero empezar a hacerlos públicos. Quiero compartir con todo aquel que esté dispuesto a leerlos, mis pensamientos más profundos. Sinceramente creo que algunas de mis reflexiones pueden hacer que el lector se plantee cosas que hasta ahora, nunca se le habían pasado por la cabeza. De esta forma, espero poder ayudar a la gente a entenderse un poquito más a sí mismos y al entorno que les rodea. Esta es una de las formas en las que he decidido aportar valor al mundo para hacer de él un lugar un poquito mejor para todos.  

Este blog también es una invitación para que el lector abrace el hábito de la reflexión. En ocasiones,  meditar sobre las cosas, se puede convertir en un gran aliado para encontrar luz cuando solo vemos sombras.